SÓLO 30 MINUTOS
Santo Domingo (República Dominicana). – Julio de la Rosa es un teniente de policía asignado por el gobierno de República Dominicana para ser escolta del embajador ecuatoriano Carlos López Damm.
Él fue quien nos trasladó desde el aeropuerto hasta la embajada. Durante el trayecto, que duró 20 minutos aproximadamente, comentaba sus experiencias en Haití puesto que constantemente está viajando, por tierra, a Puerto Príncipe para colaborar en las tareas de rescate de las víctimas del terremoto.
El rostro de Julio muestra tristeza, abatimiento, desazón cuando recuerda las escenas de dolor que, según comenta, se viven por todas las calles de Puerto Príncipe.
Pero una de las historias que más le impactó y que también nos impactó a los que conformamos una parte de la delegación ecuatoriana, es la de un rescatista español que, según Julio, hasta el día de hoy no supera el trance.
En un alto de las acciones de salvamento, este rescatista español le contó a Julio, y a otros socorristas, que por 30 minutos no pudo rescatar a una niña de 14 años que se encontraba bajo los escombros de una de las edificaciones destruidas.
Este rescatista español tenía prácticamente consigo a la niña haitiana y estaba a punto de sacarla de los escombros pero algo lo impedía, el cuerpo inerte de la madre de la infante. Al parecer, cuando se produjo el sismo, el 12 de enero, la madre en su afán de proteger a su hija la abrazó consiguiendo su cometido pero ofrendando su vida.
Las labores para rescatar a la niña seguían, cuando se dio la orden de evacuar la zona inmediatamente. La impotencia se apoderó del rescatista español que no pudo hacer nada sino acatar la orden de sus superiores por un código que tienen los socorristas, según cuenta Julio.
En su relato, el español aseguró que si hubiera contado con 30 minutos más, él podía haber salvado a la niña, esa niña de 14 años que tuvo que dejar entre los escombros, junto a su madre muerta y quizás a esta hora ella también lo esté.
El silencio se apoderó del automóvil en el que nos movilizábamos y se interrumpió sólo cuando Julio de la Rosa terminó la historia diciendo que “ese pobre español hasta ahora no se repone”. CCN
