
El Chino junto la niñera haitiana
Puerto Príncipe (Cristhian Caiza, enviado especial).- Un día entero me tomó, junto con mi camarógrafo, recorrer la mayor parte de la devastada Puerto Príncipe.
Y es que cuando pesamos que habíamos terminado de registrar la destrucción de viviendas y edificios públicos, muchos más escombros se atravesaban por nuestro camino.
Uno de los lugares que visitamos fue el destruido hotel Montana donde nos encontramos con los mundialmente reconocidos rescatistas mexicanos, llamados “los Topos”.
Al mando de Héctor Méndez, un simpático mexicano de 60 años de edad, son cinco los rescatistas que trabajan sobre y bajo los escombros de lo que fue uno de los hoteles más lujosos de Puerto Príncipe.
El Chino, como le dicen a Méndez, nos recibió con gran amabilidad y con el típico estilo azteca al hablar. A pesar de tener pocas provisiones nos ofreció un vaso de agua que ya nos hacía falta para mitigar la sed por el asfixiante calor haitiano.
Hace 25 años cuando ocurrió el terremoto en México, el chino, en ese entonces un ciudadano mexicano común que nadie conocía, se unió a las tareas de rescate como voluntario y desde ese instante su vida dio un giro fundamental.
Fundó la brigada internacional de rescate “Tlaltelolco Azteca” que en el mundo es más conocida como “Los Topos”.
El chino ha recorrido todo el mundo prestando su contingente para el rescate de víctimas de fenómenos naturales.
Participó en la búsqueda de víctimas por el atentado a las torres gemelas de New York y por el huracán Katrina en Gonaives.

Algunos de los juguetes de Mateo
El último rescate de cuerpos sin vida de los Topos sucedió el miércoles pasado. Luego de cinco días de trabajo extenuante, estos valientes mexicanos rescataron los cadáveres de un ciudadano guatemalteco y su hijo que vivían en una de las torres del hotel Montana.
A los dos los encontraron abrazados. La hipótesis de los Topos es que al producirse el terremoto, el padre abrazó a su hijo de tres años de edad para protegerlo. Ambos murieron.
Días a día la esposa y madre de estas dos víctimas, junto con su otra pequeña hija, acudían al hotel en ruinas para esperar lo que finalmente sucedió: que los topos le entreguen los cuerpos de su esposo e hijo para llevarlos a su última morada en Guatemala.
Pero sobre las ruinas del hotel aún aguardan dos mujeres haitianas que eran empleadas de la familia guatemanteca, ellas recogen las pertenencias de sus patrones que permanecen desperdigas sobre los escombros.
Los ojos se me humedecen cuando el Chino me cuenta que una de estas mujeres era la niñera de Mateo, este pequeño que murió en los brazos de su padre el pasado 12 de enero. Ella está ahí para juntar los juguetes del niño que ya han llenado un recipiente de plástico.
A pesar de las ocurrencias del Chino Méndez, mis ojos siguen humedecidos por la historia de Mateo, no es para menos si es el nombre elegido para el hijo que espero con mi esposa. CCN