Muralla China: El Cielo que no puede esperar

Beijing (crónica Marco Antonio Bravo, enviado especial).- Confieso que ir a la Muralla China era un deseo casi imposible de cumplir, no solamente por los costos que demanda viajar a China, sino porque había que encontrar alguna circunstancia, alguna coyuntura que haga posible este sueño hecho realidad.

Aprovechando la cordial invitación de la embajada de China en Ecuador y el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, un grupo de periodistas (100), representando a más de 60 países, acudimos a la invitación que, entre otras cosas, incluía la visita al tradicional monumento de vida que representa más de 7.000 kilómetros de extensión. [...]

¡Hasta pronto Haití!

Puerto Príncipe (Cristhian Caiza, enviado especial).- ¡Tarea cumplida! Es momento de regresar a casa luego de una semana de cobertura periodística en Haití.

Tengo sentimientos encontrados; por un lado está la alegría de regresar a casa y volver a reunirme con mi familia pero por otro queda la tristeza de no poder quedarme para de alguna manera ayudar al sufrido pueblo haitiano.

El objetivo por el que vine a Puerto Príncipe fue cumplido. A pesar que a través de estas líneas y de los reportes para ANDES pude contar lo que sucedía en este país devastado por el terremoto, aún se quedan muchas historias en mi retina. Y es que resulta casi imposible describir la magnitud de la catástrofe y la insuficiencia de la ayuda humanitaria mundial.

Sólo me resta por agradecer a los personeros de la Agencia Pública de Noticias del Ecuador y Suramérica (ANDES) por brindarme esta oportunidad que estoy seguro no será la última.

A mis lectores también envío mis agradecimientos por haber destinado parte de su tiempo para leer mis historias.

No es una despedida, es un hasta luego, ya nos encontraremos en otra “aventura periodística” como esta.

¡Hasta entonces!

Bajo los escombros

Puerto Príncipe.- (Cristhian Caiza, enviado especial).- Una de las experiencias más excitantes que viví durante los recorridos por las zonas del desastre fue cuando, emulando a los rescatistas, me interné entre los escombros del hotel Montana.

Luego de conversar con el Chino Méndez, el líder de los Topos mexicanos, pude recorrer por los escombros del hotel donde horas antes, los rescatistas aztecas habían sacado el cuerpo de Mateo y su padre (recuerden un post anterior).

Con mi compañero coordinador de prensa, Javier Rueda, descendimos al hueco que los Topos habían creado para sacar los cuerpos de los guatemaltecos.

La adrenalina subía en nuestros cuerpos y sin pensarlo dos veces decidimos ingresar al lugar donde habían encontrado los cadáveres de estas dos personas.

Me coloqué una linterna en mi frente y raptando pude ingresar bajo los escombros por un pequeño orificio oscuro y polvoriento.

La sensación de temor se apoderó de mi sólo cuando llegué al sitio exacto donde el padre había abrazado a su hijo para protegerlo de la caída del hotel.

Al parecer en ese lugar estaba el baño o algún pasillo con piso de baldosa muy elegante. Pude observar manchas de sangre y el olor de un cadáver en descomposición aún inundaba el ambiente.

Pensé que si avanzaba unos cuantos metros más no podría salir de entre los escombros. Pensé también que si en ese momento se producía un pequeño movimiento sísmico todos esos escombros caerían sobre mí y quedaría aplastado entre ellos.

Sin desesperarme empecé a salir. Estaba boca abajo y retroceder era complicado más aún si era la primera vez que me encontraba en esas circunstancias. Uno de los Topos me daba indicaciones de cómo debía salir. “Retrocede con las puntas de los pies, impúlsate, la cola arriba”, decía desde afuera el rescatista mexicano, de quien no recuerdo el nombre.

Finalmente vi la luz, estaba cansado, fueron aproximadamente diez minutos interminables de estar bajos los escombros de lo que fue un lujoso hotel. Estaba lleno de polvo, con mis brazos raspados y con grandes gotas de sudor recorriendo mi rostro.

Es increíble cómo los rescatistas arriesgan su vida por salvar la de otras personas o por sacar los cuerpos inertes de personas que no alcanzaron a salir a tiempo de las edificaciones. Es totalmente sorprendente y digno de toda admiración.

Fue una experiencia inolvidable, siempre la tendré presente mas si ahora conservo un fragmento de una baldosa y una piedra de lo que un día fue un hotel donde vivían Mateo y su padre. CCN

Héroes anónimos

Los cascos azules ecuatorianos durante el parte diario

Puerto Príncipe (Cristhian Caiza, enviado especial).- Hace un mes, un grupo de 66 soldados ecuatorianos de distintas ramas de las Fuerzas Armadas, llegaron a esta ciudad para cumplir con una misión especial dentro de su carrera militar.

En el campamento Charlie de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH, por sus siglas en inglés), los cascos azules ecuatorianos forman parte de la Compañía de Ingenieros encargada de contribuir a la rehabilitación y construcción de carreteras en este país.

Dadas a las circunstancias, la misión de estos militares se ha extendido contribuyendo al rescate de damnificados por el terremoto del 12 de enero pasado.

Las historias que cuentan estos soldados son estremecedoras sobre todo cuando se refieren al rescate de las víctimas del terremoto especialmente en el destruido hotel Montana.

Juan David Cruz, es uno de los soldados que participaron en el rescate de sobrevivientes en dicho hotel. En su computadora personal me muestra los videos que junto con sus compañeros pudieron grabar de esos difíciles momentos.

Él no espera reconocimiento alguno, su único deseo es que el mundo conozca que los cascos azules ecuatorianos pudieron salvar vidas humanas y siguen contribuyendo en a remoción de escombros en Puerto Príncipe.

Todas sus “aventuras” se las cuenta a su esposa e hijos a través de video conferencias que realiza todas las noches. Es una forme de estar en contacto con sus seres queridos que se encuentran en Quito ya a quienes extraña sobremanera.

En igual situación está Henry Araujo, encargado de las comunicaciones, al igual que Cruz, quien se comunica con su familia telefónicamente, aunque tenga costo para él.

El rostro de Araujo se llena de alegría al recibir una funda de Ecuador, su esposa le envió comida y otros artículos de uso personal.

Por su parte Carlos Quinteros, oriundo de Guayaquil, está pendiente todos los días de la participación de su hijo en un torneo internacional en Perú, jugando para Liga de Quito.

Los soldados ecuatorianos contribuyeron al rescate de víctimas en Haití

Estos soldados permanecen en el campamento toda la semana, no pueden salir a la ciudad y si lo hacen es sólo para cumplir con su trabajo. Incluso el domingo, su único día de descanso, sólo pueden alejarse a campamentos de otros países mas no salir del campamento Charlie.

Ellos ansían mucho que lleguen las vacaciones para poder regresar a Ecuador y juntarse con sus familiares aunque sea sólo durante 6 días.

La visita del Presidente Rafael Correa les agradó mucho y les levantó el ánimo. Se sintieron reconocidos.

Son verdaderos héroes anónimos que trabajan en silencio lejos de su país con el único objetivo de contribuir al progreso de su Patria. CCN

Mateo y los Topos mexicanos

El Chino junto la niñera haitiana

Puerto Príncipe (Cristhian Caiza, enviado especial).- Un día entero me tomó, junto con mi camarógrafo, recorrer la mayor parte de la devastada Puerto Príncipe.

Y es que cuando pesamos que habíamos terminado de registrar la destrucción de viviendas y edificios públicos, muchos más escombros se atravesaban por nuestro camino.

Uno de los lugares que visitamos fue el destruido hotel Montana donde nos encontramos con los mundialmente reconocidos rescatistas mexicanos, llamados “los Topos”.

Al mando de Héctor Méndez, un simpático mexicano de 60 años de edad, son cinco los rescatistas que trabajan sobre y bajo los escombros de lo que fue uno de los hoteles más lujosos de Puerto Príncipe.

El Chino, como le dicen a Méndez, nos recibió con gran amabilidad y con el típico estilo azteca al hablar. A pesar de tener pocas provisiones nos ofreció un vaso de agua que ya nos hacía falta para mitigar la sed por el asfixiante calor haitiano.

Hace 25 años cuando ocurrió el terremoto en México, el chino, en ese entonces un ciudadano mexicano común que nadie conocía, se unió a las tareas de rescate como voluntario y desde ese instante su vida dio un giro fundamental.

Fundó la brigada internacional de rescate “Tlaltelolco Azteca” que en el mundo es más conocida como “Los Topos”.

El chino ha recorrido todo el mundo prestando su contingente para el rescate de víctimas de fenómenos naturales.

Participó en la búsqueda de víctimas por el atentado a las torres gemelas de New York y por el huracán Katrina en Gonaives.

Algunos de los juguetes de Mateo

El último rescate de cuerpos sin vida de los Topos sucedió el miércoles pasado. Luego de cinco días de trabajo extenuante, estos valientes mexicanos rescataron los cadáveres de un ciudadano guatemalteco y su hijo que vivían en una de las torres del hotel Montana.

A los dos los encontraron abrazados. La hipótesis de los Topos es que al producirse el terremoto, el padre abrazó a su hijo de tres años de edad para protegerlo. Ambos murieron.

Días a día la esposa y madre de estas dos víctimas, junto con su otra pequeña hija, acudían al hotel en ruinas para esperar lo que finalmente sucedió: que los topos le entreguen los cuerpos de su esposo e hijo para llevarlos a su última morada en Guatemala.

Pero sobre las ruinas del hotel aún aguardan dos mujeres haitianas que eran empleadas de la familia guatemanteca, ellas recogen las pertenencias de sus patrones que permanecen desperdigas sobre los escombros.

Los ojos se me humedecen cuando el Chino me cuenta que una de estas mujeres era la niñera de Mateo, este pequeño que murió en los brazos de su padre el pasado 12 de enero. Ella está ahí para juntar los juguetes del niño que ya han llenado un recipiente de plástico.

A pesar de las ocurrencias del Chino Méndez, mis ojos siguen humedecidos por la historia de Mateo, no es para menos si es el nombre elegido para el hijo que espero con mi esposa. CCN

Merci Jesús

Puerto Príncipe (Cristhian Caiza, enviado especial).- Hola a todos, aún sigue mi misión periodística en Haití, que ha resultado ser una experiencia inolvidable pero llena de sentimientos encontrados.

Desde que recibí la noticia de mi viaje a Puerto Príncipe empecé a imaginar lo que en esta ciudad me esperaba, pero es totalmente diferente presenciar personalmente como el terremoto del 12 de enero devastó esta calurosa ciudad.

Al caminar por las calles de Puerto Príncipe es imposible no estremecerse al observar la magnitud del desastre. Esta ciudad está destruida casi en su totalidad. Su gente aún no tiene explicación a lo sucedido según puedo apreciar en sus rostros.

Hay varios que dicen tener a sus muertos aún bajo los escombros pero son pocos los que los buscan. Incluso parece resignarles su ausencia aunque el olor de los cadáveres en descomposición sea intenso, especialmente en el centro de la urbe.

Las columnas de personas son interminables en las afueras de las casas de transferencias de dinero, en la embajada americana, en los cuarteles militares o en cualquier lugar donde se pueda conseguir ayuda.

El tránsito vehicular es un caos, las calles son angostas y de doble sentido. Todos manejan los vehículos según su conveniente, sin embargo, hasta hoy no he presenciado un solo choque de automotores.

Lo que si se ve claramente son las “tap tap”. Son vehículos de transporte público tipo “chivas” en los cuales los haitianos se movilizan como sea. Y es que siempre se ve a estos transportes totalmente llenos con personas colgando de los costados o de la parte posterior con el peligro que eso conlleva.

Las Tap Tap son medo de trasnporte popular de los haitianos

Son vehículos tradicionales, folklóricos que hacen gala de su particular decoración donde no puede faltar el mensaje religioso.

La mayor parte de los haitianos es católica y una forma de profesar su religión es a través de mensajes escritos en las tap tap.

Al parecer, después del terremoto los habitantes de Puerto Príncipe han  puesto su futuro en manos de Dios al que no recriminan por lo acontecido sino por el contrario le agradecen diciendo, Mercie Jesús o simplemente Gracias Jesús. CCN

¡Al fin en Haití!

Puerto Príncipe.- Finalmente me encuentro en la capital de Haití desde donde escribo este post.

En el trayecto hasta el campamento de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH, por sus siglas en inglés), pude evidenciar una pequeña parte de la magnitud del terremoto que devastó esta ciudad el pasado 12 de enero.

En este campamento militar mis compañeros y yo fuimos amablemente recibidos por los soldados ecuatorianos que cumplen la misión de Paz de Naciones Unidas en Haití.

Inmediatamente nos asignaron un lugar donde ya estaban instaladas carpas personales que serán “nuestra casa” hasta el día, aún incierto, que abandonemos esta ciudad.

Durante estos días experimentaremos lo que es vivir en una base militar, sin contar con las comodidades a las que estamos acostumbrados en la gran ciudad.

Luego de instalamos pasamos al comedor donde compartimos la cena con soldados ecuatorianos y chilenos, que ocupan conjuntamente una parte de la Minustah.

Con gran atención los militares chilenos observaban las noticias de su país a través de uno de los canales araucanos que se pueden observar en esta base. Hoy fue el día para observar televisión chilena, mañana podremos ver televisión ecuatoriano pues se alterna esta actividad para ser equitativos.

Mañana recorremos la zona devastada por el terremoto en Puerto Príncipe, estoy seguro que será una experiencia llena de emociones fuertes que, por supuesto, se las transmitiré a todos ustedes a través de este blog.

¡Hasta mañana! CCN

“Cachón, bachata y merengue”

Puerto Príncipe.- Luego de nueve horas de recorrido terrestre, finalmente llegué a Puerto Príncipe (Haití), procedente de Santo Domingo (República Dominicana).

Escribo este post desde la sala ecuatoriana de comunicaciones de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH, por sus siglas en inglés), donde los soldados ecuatorianos me han brindado todas las facilidades para realizar mi labor periodística al igual que a mis compañeros.

Fue un largo viaje que acaparó la mayor parte del día. Salimos desde la embajada de Ecuador en Santo Domingo con la firme convicción de que al final del trayecto la convicción del trabajo que venimos a cumplir haría desaparecer todo cansancio físico. Y así fue.

David Monteros, es el encargado de conducir el vehículo en la que nos transportaremos hasta el final de nuestra estancia en Haití quien acaba de perder su trabajo como supervisor de seguridad del Hotel BQ Santo Domingo precisamente por trasladar hasta Puerto Príncipe a otros periodistas extranjeros.

La semana anterior, David fue contratado por periodistas de la cadena Univisión para que los transporte a la capital haitiana con la convicción de permanecer aquí durante tres días, pero recién pudo regresar al día once, lo cual hizo que su jefe lo llamara para despedirlo.

Ahora está con nosotros y en el viaje a Puerro Príncipe nos brindó un repertorio de bachata, merengue y salsa. Y es que en República Dominicana estos tres géneros musicales son los que prefiere la población.

El radio del automóvil sintonizaba la 93.3 FM, una de las emisoras más escuchadas de la capital dominicana. Una bachata de Sacarías Perreira se escucha mientras pasábamos por el pueblo de Cachón, una localidad intermedia entre Santo Domingo y Puerto Príncipe donde existe una macabra “tradición”, según nos comenta David.

A Cachón se le conoce como el pueblo de los “cachudos” donde los maridos que descubren la infidelidad de sus esposas tienen su “particular” manera de ajustar cuentas.

Según David, el hombre traicionado, montado en cólera, busca a la mujer infiel para matarla luego delo cual el afectado se quita la vida propinándose un disparo en la cabeza.

En una ocasión, cuenta David, un hombre hipotecó su casa y mandó a su esposa a trabajar en España donde ella adquirió un nuevo compromiso sentimental por lo que el dominicano decidió seguir la tradición propinando dos disparos a la mujer y luego disparándose en la cabeza. La esposa infiel sobrevivió al ataque y él murió en el acto. Ahora ella probablemente siga su relación sentimental iniciada en España.

Son historias urbanas que vamos conociendo mientras dura el viaje a Puerto Príncipe, contadas por nuestro conductor David Monteros quien cuando termine sus recorridos a Haití espera adquirir un taxi para “taxiar hasta que consiga trabajo”. CCN

SÓLO 30 MINUTOS

Santo Domingo (República Dominicana). – Julio de la Rosa es un teniente de policía asignado por el gobierno de República Dominicana para ser escolta del embajador ecuatoriano Carlos López Damm.

Él fue quien nos trasladó desde el aeropuerto hasta la embajada. Durante el trayecto, que duró 20 minutos aproximadamente, comentaba sus experiencias en Haití puesto que constantemente está viajando, por tierra, a Puerto Príncipe para colaborar en las tareas de rescate de las víctimas del terremoto.

El rostro de Julio muestra tristeza, abatimiento, desazón cuando recuerda las escenas de dolor que, según comenta, se viven por todas las calles de Puerto Príncipe.

Pero una de las historias que más le impactó y que también nos impactó a los que conformamos una parte de la delegación ecuatoriana, es la de un rescatista español que, según Julio, hasta el día de hoy no supera el trance.

En un alto de las acciones de salvamento, este rescatista español le contó a Julio, y a otros socorristas, que por 30 minutos no pudo rescatar a una niña de 14 años que se encontraba bajo los escombros de una de las edificaciones destruidas.

Este rescatista español tenía prácticamente consigo a la niña haitiana y estaba a punto de sacarla de los escombros pero algo lo impedía, el cuerpo inerte de la madre de la infante. Al parecer, cuando se produjo el sismo, el 12 de enero, la madre en su afán de proteger a su hija la abrazó consiguiendo su cometido pero ofrendando su vida.

Las labores para rescatar a la niña seguían, cuando se dio la orden de evacuar la zona inmediatamente. La impotencia se apoderó del rescatista español que no pudo hacer nada sino acatar la orden de sus superiores por un código que tienen los socorristas, según cuenta Julio.

En su relato, el español aseguró que si hubiera contado con 30 minutos más, él podía haber salvado a la niña, esa niña de 14 años que tuvo que dejar entre los escombros, junto a su madre muerta y quizás a esta hora ella también lo esté.

El silencio se apoderó del automóvil en el que nos movilizábamos y se interrumpió sólo cuando Julio de la Rosa terminó la historia diciendo que “ese pobre español hasta ahora no se repone”. CCN

Operación Haití

Santo Domingo (República Dominicana).- Eran las 20h30 del viernes 22 de enero cuando estaba por concluir mis labores en ANDES. Luego de una productiva semana de trabajo, el pensamiento estaba ya situado en el fin de semana pero todo aquello cambiaría con una llamada telefónica.

Nos comunicaron que el Presidente de la República, Rafael Correa, estaba planificando viajar a Haití, en su calidad de Presidente Pro témpore de UNASUR, para llevar ayuda humanitaria a los habitantes de este devastado país.

Inmediatamente me comunicaron que tenía que viajar a Puerto Príncipe para realizar la cobertura periodística respectiva. Mi pensamiento, situado ya en el fin de semana, cambió rápidamente de lugar; ahora se encontraba en Haití. Las imágenes que había visto por televisión de lo que el terremoto había generado en este país empezaron a correr por mi mente.

Luego de un fin de semana agitado por los preparativos del viaje, la semana de actividades empezó muy temprano.

A las cinco de la mañana del lunes llegué al aeropuerto Mariscal Sucre de Quito para, junto con otros compañeros de la Presidencia de la República, abordar el avión que, dos horas más tarde, nos llevaría a Santo Domingo, República Dominicana; nuestra primera parada antes de llegar a Puerto Príncipe.

El reloj marcó las 14h30 local (13h30 de Ecuador) cuando la nave aterrizó en el Aeropuerto Internacional de las Américas de Santo Domingo. Inmediatamente, un personero de la Embajada de Ecuador en República Dominicana nos trasladó hasta la sede diplomática donde nos esperaba el embajador Carlos López Damm.

Mientras yo escribo este post, mis compañeros mantienen una reunión con el embajador ecuatoriano coordinando la visita del Presidente Rafael Correa a Haití. CCN.